El constructor que se casó con una chica en silla de ruedas
En un tranquilo callejón a las afueras de Lyon vivía Julien, un albañil amable y trabajador de unos treinta y cinco años. Todos lo conocían como una persona amable y humilde, así que cuando anunció que se casaría con Lisa, todo el vecindario guardó silencio.
Lisa había sido la belleza de su escuela de magisterio, elegante y llena de sueños. Pero tres años antes, un accidente de coche lo cambió todo. Sus piernas ya no se movían y su vida quedó confinada a una silla de ruedas.
La gente susurraba a puerta cerrada.
"¿Está loco? ¿Gastar tanto dinero para casarse con una chica en silla de ruedas?"
Julien nunca dio explicaciones. Simplemente sonrió suavemente, tomó la mano de Lisa durante la sesión de fotos y dijo:Si no puedes mantenerte en pie, me sentaré a tu lado. Sigamos caminando juntos, por la vida.
Las lágrimas corrían por sus mejillas. Por primera vez en tres años, Lisa creyó que aún podía ser feliz.
Una promesa contra todo pronóstico
La familia de Lisa se opuso al matrimonio al principio. Su madre lloró y suplicó:Ya eres así, hija mía. ¿Por qué dejar que otro cargue con tu dolor?
Lisa levantó la mirada, su voz era débil pero firme.
Tras meses de silenciosa persistencia, ambas familias finalmente dieron su bendición. La boda fue sencilla pero cálida.
Julien reconstruyó su pequeña casa con sus propias manos: añadió rampas, barandillas y rediseñó el baño para que ella pudiera moverse con libertad. Gastó más de cincuenta mil euros —sus ahorros de diez años de duro trabajo— solo para hacerle la vida un poco más fácil.
