«¿Destruyéndolo?».
Michael se interpuso entre las dos mujeres, agarrándose la cabeza y respirando con dificultad.
«¡Basta! ¡No quiero oír más!».
Salió corriendo a la noche lluviosa. Al día siguiente, la policía encontró a Michael sentado junto al lago, empapado y temblando.
Relató todos sus recuerdos enterrados:
su padre no murió en el incendio; Margaret intentó quemar una carta suya, pero el fuego se propagó rápidamente. Mientras salvaba a su esposa, quedó atrapado.
Para protegerse, hipnotizó a Michael, haciéndole creer que era su culpa.
Vivió toda su vida sumido en un pecado que no le pertenecía.
Por eso no puede tocar a nadie, por miedo a que todo lo que ama se consuma, como su padre.
Margaret fue internada en un centro psiquiátrico.
Michael comenzó terapia con un especialista en trauma.
Elena permaneció a su lado, no como la esposa de un "marido frío", sino como una amiga que lo ayudaba a reencontrarse con el mundo.
Un año después, al regresar a su antigua casa, Elena desmontó las cámaras de seguridad y las guardó en cajas.
"Ya no hay secretos que vigilar", dijo.
Michael recorrió con la mirada la habitación vacía y le tomó la mano con ternura.
Por primera vez en tres años, tomó la iniciativa de abrazarla.
A veces, el muro que separa a dos personas no es la indiferencia, sino los recuerdos distorsionados por la culpa y el miedo.
Nadie puede amar plenamente sin liberarse del pasado.
Y a veces, lo más aterrador no está en las cámaras… sino en los propios recuerdos controlados.
Durante tres años de matrimonio, su esposo nunca dejó que lo tocara, hasta que un día miró la cámara en la habitación de su suegra y se quedó paralizada. 💔
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