Durante la boda, la novia fue al baño por unos minutos, pero en la puerta el limpiador la detuvo y le dijo en voz baja: “Tu novio puso algo en tu vaso, no sé qué exactamente, pero no bebas de ahí”.

—Chica, no bebas de tu vaso —dijo en voz baja, sin levantar la vista—. Tu prometido le puso algo. Un polvo blanco. Lo vi desde la trastienda.

Lo dijo rápidamente, como si temiera cambiar de opinión, y cerró la puerta inmediatamente.

¿Pero cómo podría ser esto?

Greg parecía muy confiable. Había aparecido en su vida después de la muerte de su primer marido hacía dos años. De repente, todo sucedió. Un accidente de coche. Dijeron que los frenos habían fallado.

Fue entonces cuando apareció Greg. El amigo de su padre. Seguro de sí mismo, tranquilo, serio. Ayudó con el funeral, se encargó del papeleo y llevó a su padre al médico cuando empezó a tener problemas cardíacos.

Su padre estaba feliz. Veía a Greg como un hombre confiable y un futuro socio. Ya había mencionado los negocios y el puesto.

Pero ahora las palabras del conserje no salían de su cabeza.

Nina regresó a la sala. Greg estaba sentado a la cabecera de la mesa, cantando algo en voz alta.

Frente a ellos había dos vasos atados con cintas.

Nina se sentó a su lado. Greg se inclinó hacia ella y le puso la mano en la rodilla debajo de la mesa. Su tacto fue áspero y desagradable.

—¿Dónde has estado? —preguntó en voz baja—. El maestro de ceremonias ya está esperando. El brindis principal está a punto de comenzar.

“Necesitaba alisarme el vestido”, respondió ella, tratando de mantener la voz firme.

Greg sonrió, pero su mirada permaneció fría.

¿Terminaste? Ahora, cálmate.

La música subió de volumen. El maestro de ceremonias levantó su copa. Greg se giró un instante, y en ese momento Nina intercambió sus copas con cuidado.

Y entonces sucedió algo que dejó a la novia absolutamente horrorizada 😲🫣

Greg casi terminó su vaso de un trago. Sonrió al dejarlo sobre la mesa, pero un minuto después su expresión cambió. La sonrisa se desvaneció, como si se hubiera borrado. Frunció el ceño, miró a su alrededor y agarró el borde del mantel con fuerza.

“No me siento bien”, dijo y trató de ponerse de pie.

La silla crujió y Greg se tambaleó. Al principio, los invitados pensaron que había bebido demasiado, pero las risas se apagaron rápidamente. Sus manos temblaban cada vez más y su respiración se volvió entrecortada.

Nina estaba sentada cerca, inmóvil.

Greg intentó levantarse, pero esta vez simplemente se resbaló de la silla y se desplomó en el suelo. Alguien gritó, alguien saltó.

Mientras llamaban a la ambulancia, Greg yacía boca arriba, respirando con dificultad. Estaba consciente y miraba a Nina como si quisiera decir algo.

Cuando llegaron los paramédicos, se lo llevaron. Los invitados, confundidos, su padre llorando y Nina permanecieron en el salón.

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