Durante cinco años, cuidé una tumba anónima. Sin visitas ni flores, hasta que apareció una foto. Era el rostro de mi infancia mirándome fijamente.

A la mañana siguiente, a Santiago le temblaban las manos al llevar el portarretratos al cementerio. Lo colocó en el lugar marcado en la lápida. La foto del niño sonriente de cinco años contrastaba marcadamente con la atmósfera sombría del lugar.

¿Por qué? ¿Por qué mi foto?

Santiago rebuscó en su memoria. Recordaba esa foto a la perfección. Fue tomada durante la Navidad, cuando tenía cinco años, en el patio de su antigua casa. Su madre, una dulce mujer llamada Elena, la había tomado. Poco después, él y su madre se mudaron, dejando atrás esa casa y al padre irresponsable que los había abandonado.

Su madre le había contado que su padre, Arturo, era un alcohólico que había desaparecido sin dejar rastro. Santiago creció odiando a ese hombre al que nunca conoció.

Pero si la persona enterrada aquí era un desconocido, ¿por qué usar su foto? Si era una broma, era demasiado cruel.

Santiago tomó una decisión. Tenía que saber quién yacía bajo aquella tierra.

Con una pala pequeña, cavó con cuidado alrededor de la base de la lápida. Pronto descubrió una losa suelta. La levantó.

Debajo de él no había tierra, sino una caja metálica sellada. El sudor le perlaba la frente. Utilizó sus herramientas para forzar la cerradura.

Dentro había un diario encuadernado en cuero, un viejo pase de prensa y un trozo de papel doblado en cuatro.

Santiago, temblando, desdobló el papel. Era un certificado de defunción.

Nombre del fallecido: Arturo Vargas. Fecha de fallecimiento: Hace cinco años, exactamente el mismo día que Santiago fue contratado. Parentesco con Santiago: Padre.

Santiago cayó de rodillas. Su padre. El hombre que lo había abandonado, aquel que siempre creyó que vivía como un vagabundo en algún lugar, llevaba cinco años bajo sus pies.

¿Pero por qué una tumba sin nombre? ¿Por qué usar su foto?

Santiago abrió el diario. Era el diario de Arturo.

El periódico informó sobre una tragedia de la que nadie sabía nada.

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