Soy Marin. Tengo 27 años y hace unas semanas enterré a la única familia que tenía: mi abuelo Harold.
Me crio desde los dos años. Mis padres murieron en un accidente de coche, y crecí conociéndolos sólo a través de unas pocas fotografías que él guardaba en un cajón.
La que más recuerdo mostraba a mi madre sosteniéndome en la cadera mientras mi padre estaba de pie a su lado.Enterré a la única familia que tenía- mi abuelo, Harold.
Aquellas fotos eran todo lo que tenía, y el abuelo se aseguró de que nunca fueran fantasmas que se cernieran sobre mi infancia.
Me acogió y me crio en su casita de las afueras de la ciudad, un lugar pequeño con la pintura desconchada, un limonero en el patio trasero y un columpio en el porche que crujía más que las cigarras en verano.
Pero era mi hogar. Con él, ni una sola vez me sentí abandonada.Con el abuelo, nuncanunca me sentí abandonada.
Todas las mañanas me preparaba el desayuno y siempre insistía en prepararme el almuerzo con una nota escrita a mano dentro.
Me cogía de la manita mientras me acompañaba a preescolar, parándose cada pocos pasos para que yo señalara las piedras y las flores como si fueran tesoros. Me leía todas las noches.
Pero no era fácil; ahora lo veo. El abuelo se aseguró de que nunca le viera lucharEl abuelo se aseguró de que nuncale viera luchar.
Tuvo varios trabajos hasta los 70: manitas, reponedor, conductor de autobús... lo que hiciera falta para mantener la luz encendida y mi mochila llena.
Entonces no entendía los sacrificios. Sólo sabía que siempre que necesitaba algo, él, de alguna manera, lo hacía aparecer.
Me dio amor, seguridad y una vida llena de calidez. El abuelo llenaba todos los rincones de mi mundo.
Ni una sola vez sospeché que ocultaba un secreto que trastocaría toda mi vidaOcultaba un secreto quemi vida entera.
Cuando murió, todo mi mundo se derrumbó.
Pero el verdadero colapso ocurrió al día siguiente.
Estaba en casa, guardando las cosas del abuelo en cajas, cuando de repente oí que llamaban a la puerta.
La abrí y me quedé paralizada, confusa. No había nadie.
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