Mamá ha crecido, hijo. Crecer es un poco doloroso... pero mejorará.
Cuando regresamos a Manila, alquilé un pequeño apartamento en Mandaluyong. Le dejé la casa a Ramón; antes era nuestro hogar, ahora solo un fantasma de nuestro pasado.
Empecé a buscar trabajo de nuevo. Un amigo de la universidad me ayudó a conseguir un puesto como contador interno en una empresa de cosméticos en Ortigas. El sueldo no era muy bueno, pero era suficiente para Bunso y para mí. La vida no es fácil, pero al menos es tranquila.
Cada noche, acostada junto a mi hijo, miro al techo y pienso en el día de mi boda: el vestido blanco, las velas, la promesa de eternidad. Me duele el corazón, pero no quiero que se me vuelva a romper.
Ramón intentaba acercarse. Le mandaba regalos a nuestro hijo, pasaba de largo sin despedirse, incluso se quedaba fuera de la puerta bajo la lluvia solo para ver a Bunso.
Pero yo ya no era la inocente mujer de 24 años, la mujer que había renunciado a todo por amor.
Ahora era madre. Una sobreviviente. Una mujer que se había ido sin nada más que su hijo y su dignidad.
Un día, volvió a esperar afuera. Llovía a cántaros. Parecía más delgado, más viejo, como si la culpa lo hubiera envejecido de la noche a la mañana.
“¿Todavía puedes perdonarme?” preguntó con voz temblorosa.
Lo miré con calma. "¿Perdóname? Quizás algún día. Pero no volveré".
“Pero lo he perdido todo, Angélica… ahora sólo estoy yo.”
Sonreí, no con amargura, sino con paz.
—Entonces aguanta. Porque ya no soy tuyo.
Pasó un año. Bunso creció y se volvió feliz y fuerte. Me uní a un grupo de madres solteras, aprendí más sobre negocios y abrí mi propia tienda de belleza en línea.
No éramos ricos. Pero éramos libres.
Entonces, una tarde, llegó un mensaje de un número desconocido.
“Si Liza hubiera vivido… me habría casado con ella.”
Me quedé mirando la pantalla. Era Ramón. Todavía atormentado. Todavía persiguiendo fantasmas.
Pero ese era su camino.
Yo había elegido el mío.
Aprendí que la felicidad no consiste en aferrarse a un hombre.
Se trata de saber cuándo dejar ir.
Me traicionaron, me hirieron y me humillaron. Pero sobreviví, no porque no tuviera miedo, sino porque no tuve más remedio que ser valiente.
¿Y ahora?
Ahora, estoy feliz.
A mi manera.
En mis propios términos.
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
