Apretó la mandíbula, negándose a mirarme.
—Claire, escucha, las cosas estaban difíciles y necesitábamos…
—¿Difíciles? —casi me reí, aunque el pecho se me estaba partiendo—. Trabajé en dos empleos estando embarazada. Me hiciste sentir culpable cada vez que compraba comida que no estaba en oferta. ¿Y tú…? —se me quebró la voz—. ¿Estabas sentado sobre un cuarto de millón de dólares cada mes?
Vivian dio un paso al frente, a la defensiva.
—No entiendes lo caro que es vivir. Mark necesitaba mantener cierta imagen en el trabajo. Si la gente lo veía pasando dificultades…
—¿Dificultades? —rugió mi abuelo—. ¡Se gastaron más de ocho millones de dólares! Ocho. Millones. De dólares.
Mark por fin estalló.
—¡BIEN! ¡Está bien! ¡Los usé! ¡Los usé porque me lo merecía! Claire nunca iba a entender cómo se ve el éxito de verdad, siempre fue…
—Basta —dijo mi abuelo.
Su voz bajó a una calma helada.
—Van a empacar sus cosas. Hoy. Claire y el bebé se vienen conmigo. Y tú —señaló a Mark— devolverás cada dólar que robaste. Ya tengo abogados listos.
La cara de Vivian se quedó blanca.
—Edward, por favor…
—No —dijo él con firmeza—. Casi le arruinan la vida.
Las lágrimas me corrían por la cara: no de tristeza, sino de una tormenta de rabia, traición y alivio.
Mark me miró, y el pánico reemplazó su arrogancia.
—Claire… por favor. No le quitarías nuestra hija… ¿verdad?
Sus palabras me golpearon como un puñetazo.
Ni siquiera lo había pensado tan lejos.
Pero en ese momento, con mi recién nacida durmiendo en paz en mis brazos y los pedazos de confianza hechos trizas a mi alrededor, supe que tenía que tomar una decisión. Una que cambiaría nuestras vidas para siempre.
Tomé aire, largo y tembloroso, antes de responder.
Mark estiró una mano hacia mí, pero yo retrocedí, apretando más a mi hija.
—Me quitaste todo —dije en voz baja—. Mi estabilidad, mi confianza… mi oportunidad de prepararme para su llegada. Y lo hiciste mientras me hacías sentir vergüenza por necesitar ayuda.
El rostro de Mark se torció.
—Cometí un error…
—Cometiste cientos —dije—. Cada mes.
Mi abuelo apoyó una mano firme en mi hombro.
—No tienes que decidir nada hoy —murmuró—. Pero mereces seguridad. Y honestidad.
Vivian rompió a llorar de repente.
—¡Claire, por favor! Vas a destruir la carrera de Mark. ¡Todo el mundo se va a enterar!
Mi abuelo no dudó.
—Si alguien merece consecuencias, es él. No Claire.
La voz de Mark cayó en un susurro desesperado.
—Por favor… solo dame una oportunidad para arreglar esto.
Al fin lo miré a los ojos.
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