Mi hermana dio un paso al frente. "Maya, estás siendo exagerada".
"¿De verdad?", pregunté. "¿Qué pasa cuando Noah necesita algo un día que estás ocupada con mi hermana otra vez? ¿Qué pasa cuando llora y dices que exagera? Crecí en esta casa. Sé exactamente cómo tratas a la gente cuando es vulnerable".
Los ojos de mi madre se llenaron de lágrimas. "Solo queremos ser parte de su vida".
“Tuviste la oportunidad de ser parte de la mía”, dije. “Y elegiste lo contrario”.
El silencio llenó la habitación.
Finalmente, mi padre gruñó: "Si te vas ahora, no vuelvas".
Me puse de pie. "No lo tenía planeado".
Me fui, lenta y firmemente, sin mirar atrás. Noah se removió ligeramente en mis brazos, como si percibiera el cambio, la libertad que se abría ante nosotros.
¿No estás listo? ¡Te lo dije!
Herbeauty.
Cuando llegamos al coche, un peso que había llevado durante años finalmente se me quitó del pecho. Por primera vez en mi vida, no era la hija olvidada, el plan B, la incomodidad.
Yo era la madre de alguien.
Alguien que merecía algo mejor y que lucharía para darle a su hijo todo lo que ella nunca tuvo.
Dejar a mis padres no fue un acto de ira.
Fue un acto de amor.
Por Noé.
Por mí.
Por el futuro que construimos juntos, sin ellos.
