Una verdad que une a las personas en lugar de separarlas

Lucas estaba despierto cuando entré a su habitación.
—Lo siento —susurró—. No quería perderte.
Lo abracé con más fuerza que nunca.
«Nunca podrías perderme», respondí. «Jamás».
Esa noche, el secreto no destruyó nada.
Lo fortaleció todo.
Porque la familia no es cuestión de sangre,
sino de presencia, de elección… y de amor incondicional que se renueva cada día.
