A menudo damos por sentado que ciertas normas de higiene son obvias… hasta que nos asaltan las dudas. ¿Y si algo tan sencillo como cambiarse de ropa interior no fuera tan sencillo como parece? Entre hábitos profundamente arraigados, consejos a veces contradictorios y un estilo de vida ajetreado, este tema merece un análisis más profundo, sin tabúes, pero con sentido común, para ayudarnos a tomar las decisiones correctas cada día.
¿Con qué frecuencia debes cambiar tu ropa interior diariamente?

Para muchos de nosotros, la respuesta parece obvia: todos los días, sin excepción. Y en la gran mayoría de los casos, es de hecho la regla más sencilla y tranquilizadora. Cambiarse a diario ayuda a limitar la humedad, la fricción y las pequeñas irritaciones de la piel que pueden arruinar el día rápidamente, contribuyendo así a una higiene íntima óptima .
Sin embargo, los expertos señalan que todo depende del contexto. El nivel de actividad, la transpiración, el clima e incluso el corte de la ropa interior influyen. Según Danièle Odin, en situaciones muy específicas (actividad mínima, falta de transpiración y ropa holgada), a veces se tolera espaciar los cambios un día. Una excepción que sigue siendo… excepcional.
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