BILIONARIO LLEVABA A SU PROMETIDA A CASA, HASTA QUE VIO A SU EX CRUZANDO EL PASO DE PEATONES CON GEMELOS

Alejandro sintió que algo se encendía en su garganta.

—No… no puede ser.

Lucía lo miró con cansancio.

—Yo no quería pelear contigo. Ni con tu familia. Quería criar a mis hijos tranquila.

En ese momento, el celular de Alejandro vibró. Era Renata.

“¿Podemos hablar? Te noto raro. Me preocupa.”

Alejandro apagó la pantalla.

—Lucía… déjame verlos. Solo… déjame estar un poco.

Lucía lo observó con dureza.

—No voy a permitir que entres y salgas. No voy a permitir que te conviertas en “visita”. Si quieres estar, es completo. Con noches malas, con cansancio, con decisiones. Si no… mejor vete hoy y no vuelvas a confundirlos.

Alejandro sintió un miedo antiguo: el miedo a perder el control. Pero, por primera vez, ese miedo no lo hizo huir. Lo hizo quedarse.

—Quiero hacerlo completo —dijo—. Y sé que no basta con decirlo. Voy a demostrártelo. Paso a paso. Como tú digas.

Lucía lo miró largo. Luego, con voz baja:

—Primero, una prueba de ADN. Por ellos. Para que todo sea claro.

—Sí. Lo que pidas.

Mateo, en brazos de Lucía, miró a Alejandro de nuevo y abrió la mano, como buscando algo. Alejandro se acercó despacio y ofreció un dedo. El bebé lo sujetó con fuerza.

Ese simple agarre le rompió el pecho.

La prueba confirmó lo obvio. Alejandro no se lo contó a la prensa. No lo convirtió en escándalo. Lo convirtió en un plan.

 

 

 

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