Ayudó a una mujer sin imaginar que ella era la jueza que decidiría su futuro.

Una fecha crucial en la corte

De camino al centro,  Lucas  tiene que comparecer ante el tribunal para defenderse de los abogados de su antiguo empleador. Lo acusan de robar equipo de la empresa, mientras que él afirma que un compañero le tendió una trampa. Su única arma: un video grabado en la infame memoria USB.

Al entrar en la sala, se le encoge el corazón. El abogado contrario sonríe con seguridad, su colega evita mirarlo... y entonces, en el estrado, entra la jueza. Con su toga negra, rostro serio, mirada penetrante.  Lucas  la reconoce al instante: es la mujer de la rueda pinchada.

La jueza, por su parte, al principio parece no ver la conexión. Comienza la audiencia, se lanzan acusaciones y finalmente llega el momento de que  Lucas  presente su testimonio.

La memoria USB que falta: caída libre

Lucas  abre su bolso, lo rebusca, revuelve cada bolsillo. Nada. La memoria USB ha desaparecido. La habitación se congela. Siente que le tiemblan las manos, sus pensamientos se aceleran: sin este vídeo, su palabra tiene poco peso ante los impecables argumentos del abogado.

El juez aplaza la audiencia y le da un breve periodo para reunir sus pruebas. En el pasillo,  Lucas  repasa mentalmente su mañana: el apartamento, el coche, el trayecto... la avería. Un destello: la bolsa dejada en el asiento del desconocido. ¿Y si...?

Pide acceso al estacionamiento del personal, ve el auto del juez y abre con cautela la puerta del pasajero. Bajo el asiento, sus dedos finalmente encuentran el pequeño rectángulo de plástico. La llave está ahí. Su corazón vuelve a latir.

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