El insulto que rompió el silencio del hospital
La habitación del hospital olía a desinfectante suave y flores frescas. Todavía estaba débil después de dar a luz, tumbada en la cama, abrazando a mi hijo recién nacido, Lucas, contra mi pecho. Su respiración era tranquila, sus deditos se aferraban a los míos. En ese momento, creí que todo sería diferente. Que el mundo sería más amable ahora.
Me equivoqué.
Mi hermano Adrián llegó esa misma tarde. Llevaba un abrigo caro e impecable, como salido de una revista. Se detuvo a los pies de la cama y miró al bebé con una sonrisa forzada.
“¿Entonces este es mi sobrino?” preguntó, asintiendo con la barbilla.
Asentí, intentando sonar feliz.
"Él es tu sobrino."
Adrián soltó una risa corta y seca.
