Cuando salieron a la luz las conexiones con compañías farmacéuticas y los ensayos no autorizados, la historia explotó. Medios. Titulares. Cámaras. Y con la atención llegaron las sombras: artículos que culpaban a Richard de ser un padre ausente, acusaciones que pintaban a Julia como una infiltrada, amenazas anónimas destinadas a quebrarlos.
Richard ardía de ira.
Julia se mantuvo firme.
“Si tienen miedo”, dijo una noche, “es porque estamos tocando la verdad”.
Mientras el mundo gritaba afuera, un pequeño y real milagro ocurrió dentro de la mansión.
Luna regresó.
No de repente. No por arte de magia. Sino paso a paso.
Pidió salir al jardín. Se rió suavemente cuando Richard trajo sus bocadillos favoritos. Dibujó más, y sus dibujos cambiaron. Ya no eran árboles vacíos, sino colores. Manos unidas. Ventanas abiertas.
Cuando comenzó el juicio, la sala se llenó de familias. No se trataba solo de la historia de un niño rico y una criada valiente. Eran filas de padres exhaustos, con rostros marcados por las noches de insomnio.
Julia testificó con calma, sin lágrimas aparentes. Richard habló después de ella y admitió su fracaso sin excusas.
El miedo, dijo, puede volver ciego incluso a un hombre inteligente.
Al tercer día, se presentó como prueba el dibujo de Luna. Una niña calva cogida de la mano de dos personas. Debajo, en letras temblorosas:
“Ahora me siento seguro”.
La sala del tribunal quedó en silencio.
Porque de repente, quedó claro.
No se trataba de papeleo.
Se trataba de la vida.
El veredicto llegó más rápido de lo esperado. Culpable de todos los cargos. No hubo aplausos, solo alivio, como un respiro colectivo. Morrow fue sentenciado y las autoridades anunciaron reformas para limitar los tratamientos experimentales, especialmente en niños.
El sistema finalmente se vio obligado a mirarse a sí mismo.
De vuelta en casa, la mansión ya no parecía un triste museo. Había música. Pasos. Risas. El sonido de lápices sobre papel.
Luna empezó la escuela, nerviosa al principio, luego orgullosa. Hizo amigos. Levantó la mano. Llenó cuadernos con dibujos que describían su pasado y su futuro. Los profesores notaron su talento.
