Tome una decisión sin dudarlo

Cuando se pronunciaron esas palabras hirientes, todo quedó claro. El amor de un hijo no se negocia. No se cambia por una promesa romántica ni por una vida más sencilla.
Le pedí a Camille que se fuera. Sin lágrimas. Sin arrepentimiento. Porque algunas decisiones son obvias, incluso cuando duelen.
Protege lo que realmente importa
Léa lo había oído todo. La abracé fuerte, como el primer día, con la misma convicción inquebrantable. Le recordé que nada, ni el dinero ni una relación, estaría por encima de ella.
Sentadas juntas en la mesa de la cocina, hablando de su futuro y sus planes, sentí una paz profunda, la que nace de ser fiel a tus valores.
Hace trece años, una niña me eligió como su refugio y, desde aquel día, cada mañana elijo ser exactamente eso: su padre, su apoyo y su hogar.
