Adopté a un bebé abandonado frente a una estación de bomberos. Cinco años después, una mujer llamó a mi puerta y me dijo: «Debe devolverme a mi hijo».

Adoptar solo… y aprender a ser padre

La adopción suele verse como un hermoso fin. En realidad, es principalmente un viaje lleno de dudas, papeleo interminable y noches de insomnio preguntándome si seré "suficiente". Lo suficientemente disponible, lo suficientemente fuerte, lo suficientemente legítimo.

Cuando eres madre o padre soltero, las preguntas se multiplican. Organización, cuidado de los niños, cansancio… pero también esa inmensa responsabilidad: ser el único proveedor. Y, sin embargo, una vez que Leo llega a casa, todo se acomoda. Las mañanas apresuradas, los calcetines desparejados, los desayunos que terminan en la mesa en lugar de en el plato. La vida cotidiana se vuelve alegremente imperfecta.

Construyendo una rutina tranquilizadora y unida

Muy pronto, los rituales se arraigan. Cuentos para dormir, a veces corregidos con gran seriedad por Leo. Preguntas improbables en el desayuno. Tardes de manualidades y carcajadas que te hacen olvidar el cansancio. Creciendo juntos, aprendiendo juntos.

Ser padre no se trata de ser perfecto. Se trata de estar presente. Consolar a Leo después de una pesadilla, compaginar los compromisos laborales y las reuniones escolares, y preguntarse cada día si lo estás haciendo "bien". Alerta de spoiler: no hay una solución universal.

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