
Las nubes de tormenta ya habían empezado a formarse cuando un camionero la vio:
una pequeña niña con una sudadera con capucha rosa descolorida, sentada sola en el arcén de grava de la Ruta 16, con los brazos firmemente alrededor de una mochila desgastada, como si fuera lo único que evitaba que se desmoronara.
Se llamaba Emily Hart.
Tenía ocho años.
Mi hija.
Dos horas antes, sus abuelos, Robert y Linda Hart, la habían llevado hasta allí y la habían abandonado.
Para todos los demás, los Hart eran intocables.
Respetados.
Temerosos de Dios.
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
