A sus sesenta y cinco años, Arthur cree que su historia ya está escrita. Su esposa de cuatro décadas falleció hace cinco años, dejando un silencio que llena cada rincón de su casa. Cada noche, se sienta solo junto a la chimenea, observando las sombras bailar en las paredes, convencido de que el amor es solo cosa de jóvenes.
Pero el destino a menudo espera el momento en que un corazón menos lo espera.
La reunión que lo cambia todo
Una tarde de otoño, Arthur visita a su viejo amigo Richard. Su conversación se ve interrumpida por la suave risa de Clara, la hija de Richard, quien acaba de regresar de la universidad. Está radiante, llena de vida, y sus ojos despliegan una bondad que Arthur había olvidado que existía.
A pesar de la diferencia de edad, una extraña calidez florece. Al principio, no era más que una conversación apacible que se prolongaba hasta la noche. Descubrieron pasiones compartidas: la música, la poesía, la serena belleza de la naturaleza. La sabiduría de Arthur se unió al asombro juvenil de Clara, y juntos crearon un puente que ni la edad ni las circunstancias podrían romper fácilmente.
