Desde las primeras civilizaciones, la gente ha percibido que la existencia no comienza con el nacimiento ni termina con la muerte. Somos consciencia en movimiento. Cuando el alma comprende que sus lecciones en este mundo han terminado, comienza una preparación tranquila y apacible. No se trata de un final repentino, sino de un desvanecimiento consciente, como un atardecer en lugar de un colapso. A continuación, se presentan siete señales que suelen aparecer a medida que esta transición se desarrolla con suavidad.
1) Una liberación natural del apego material
El afán de coleccionar, competir o poseer se disuelve lentamente. Los objetos, el estatus y los logros pierden su peso. Surge el deseo de simplificar, de renunciar a lo que antes se consideraba importante. Esto no es pérdida, sino ligereza interior. Las jerarquías sociales y el drama se desvanecen porque el alma comprende que nada de eso viaja más allá de esta vida.
2) Una creciente necesidad de silencio
El ruido se vuelve abrumador. La quietud se vuelve nutritiva. Las conversaciones se profundizan o se reducen, mientras que el tiempo en la naturaleza se siente esencial. Esto no es soledad, sino silencio intencional. En el silencio, la conciencia interior se agudiza.
3) Reflexión y completitud emocional
Los recuerdos afloran con claridad y propósito. Sienten una suave urgencia por resolver asuntos emocionales pendientes: perdonar, pedir perdón, decir verdades retenidas durante mucho tiempo. Tener razón ya no importa; la paz sí. Esta reflexión interior trae libertad.
