15 años desaparecida — su abuelo confesó que vivían como marido y mujer 15 años desaparecida — su abuelo confesó que vivían como marido y mujer Read more

¿De acuerdo? Nerea no respondió, simplemente se acurrucó más en la manta y cerró los ojos. La historia de Nerea Campos se convirtió en uno de los casos más perturbadores en la historia criminal reciente de España. Los detalles que emergieron en los meses siguientes a través de sesiones de terapia y entrevistas forenses pintaron un cuadro completo del horror psicológico y físico que había sufrido durante 15 años.

Sebastián había comenzado el abuso sexual cuando Nerea tenía 10 años. Aproximadamente un año antes del desaparecimiento, había usado manipulación psicológica, amenazas sobre la salud de su madre y el aislamiento natural de una niña introvertida para mantenerla callada. Los justificantes médicos falsos habían sido su forma de tener tiempo a solas con Nerea durante días enteros, perfeccionando su control sobre ella.

El día del desaparecimiento, después de que Nerea volviera de comprar el pan, Sebastián simplemente le había dicho que ahora viviría en su habitación, que no podía salir nunca más, que su madre no podía saber que estaba allí. Para una niña de 11 años, ya traumatizada por un año de abuso, ya psicológicamente condicionada a obedecer a su abuelo por miedo, esto había sido suficiente.

No había habido forcejeo, no había habido gritos, solo obediencia nacida del terror. Durante 15 años, Nerea había vivido en esa habitación de aproximadamente 8 m². Sebastián le traía comida, normalmente sobras de lo que Rosario cocinaba, diciéndole a Rosario que él tenía mucho apetito.

Le permitía usar el baño solo cuando Rosario no estaba, o muy tarde por la noche. Le llevaba libros ocasionalmente, siempre controlando cuidadosamente que fueran libros que no le dieran ideas sobre escapar o que no mencionaran casos similares de secuestro. Le había cortado el pelo él mismo a lo largo de los años y sí, como las evidencias habían confirmado, la había convertido en su pareja sexual, su esposa, en la realidad retorcida que había construido dentro de esa habitación.

Le había dicho que esto era normal, que en realidad se querían el uno al otro, que esto era lo que hacían las personas que se amaban. Nerea, sin ningún otro punto de referencia, sin acceso al mundo exterior, sin nadie más que ese hombre que era simultáneamente su abusador y su única conexión humana, gradualmente había desarrollado una dependencia psicológica de él que los expertos reconocían como una forma extrema de síndrome de Estocolmo.

Las fotografías que Sebastián había tomado a lo largo de los años eran su forma de documentar su relación. su trofeo secreto. El hecho de que las hubiera dejado donde Rosario las encontraría después de su muerte revelaba su narcisismo final. Quería que el mundo supiera lo que había hecho, pero solo cuando ya no pudiera ser castigado por ello. Rosario, cuando finalmente pudo reunirse con su hija después de semanas de que Nerea estuviera en tratamiento intensivo, experimentó un reencuentro que solo puede describirse como agónico.

Nerea no podía mirarla a los ojos, no podía aceptar que Rosario la tocara. La primera sesión conjunta con terapeutas presentes duró menos de 10 minutos antes de que Nerea tuviera un ataque de pánico y pidiera volver a su habitación del centro de tratamiento. Ella me culpa le dijo Rosario llorando a los psicólogos después. Puedo verlo en su mirada.

Me culpa por no haberme dado cuenta, por no haberla salvado. Es más complejo que eso, le explicó la doctora Montero. Nerea está procesando 15 años de trauma. En este momento, cualquier conexión con su vida anterior es dolorosa. Ver a usted le recuerda que tuvo una madre, una vida normal, algo que perdió. Y es más fácil psicológicamente sentir ira hacia usted que enfrentarse al horror de lo que su abuelo le hizo.

Con tiempo y terapia esto puede cambiar, pero va a necesitar paciencia, mucha paciencia. Rosario nunca volvió al piso de Albacete. No podía. fue real servicios sociales en un pequeño apartamento en otra ciudad donde intentaba reconstruir algún tipo de vida mientras visitaba a su hija en el centro de tratamiento psiquiátrico, donde Nerea viviría durante los siguientes dos años.

El caso tuvo repercusiones legales y sociales masivas. Se revisaron los protocolos de investigación de personas desaparecidas, especialmente en lo relativo a investigar exhaustivamente a familiares cercanos, incluso cuando no había evidencia directa de su implicación.

Se implementaron nuevas formaciones para agentes sobre casos de abuso intrafamiliar y secuestro de larga duración. José Manuel Fuentes, el guardia civil jubilado que siempre había desconfiado de Sebastián, dio múltiples entrevistas en las que admitía. Mi instinto me decía que ese hombre sabía más de lo que decía, pero no teníamos evidencias.

No teníamos motivo probable para registrar cada habitación del piso con profundidad. Y él era un anciano, el abuelo de la víctima, alguien que supuestamente la quería. Todos tenemos sesgos cognitivos que nos hacen pensar que los abuelos no pueden ser monstruos. Este caso nos enseñó que el mal no tiene una cara específica. La sociedad española se enfrentó a preguntas incómodas.

¿Cómo había sido posible que esto ocurriera durante 15 años en un edificio de pisos en una ciudad moderna? ¿Qué señales se habían ignorado? ¿Cómo podían prevenirse casos similares en el futuro? Algunos vecinos del edificio de Albacete necesitaron tratamiento psicológico para lidiar con la culpa.

Carmen Ortiz, en particular cayó en una depresión severa, obsesionada con la idea de que si hubiera prestado más atención a los ruidos que ocasionalmente oía del piso de arriba, podría haber salvado a Nerea años antes. En cuanto a Nerea misma, su recuperación fue lenta y dolorosa. Los primeros meses en el centro de tratamiento apenas hablaba, pasando días enteros en su habitación, negándose a participar en terapia de grupo.

tenía pesadillas constantes, episodios de pánico cuando había demasiada gente alrededor o demasiado espacio abierto, dificultad extrema para tomar hasta las decisiones más básicas, porque durante 15 años todas sus decisiones habían sido tomadas por otra persona. Gradualmente, con terapia intensiva y el apoyo de especialistas en trauma complejo, Nerea comenzó a mejorar pequeños pasos.

Aceptar salir al jardín del centro, participar en una sesión de terapia de arte, mantener una conversación completa con otro paciente. En 2019, un año después de su rescate, Nerea dijo su primera frase que mostraba algo de esperanza hacia el futuro. Creo que me gustaría terminar la educación secundaria. En 2020, 2 años después, Nerea fue dada de alta del centro de tratamiento residencial, aunque continuaba con terapia intensiva como paciente externa.

Vivía en un piso tutelado con otras supervivientes de trauma, donde tenía apoyo las 24 horas, pero también independencia gradual. Había comenzado un programa de educación para adultos, trabajando para obtener el equivalente al título de secundaria que nunca había podido terminar. Su relación con su madre mejoró lentamente.

Para 2021, 3 años después del rescate, Nerea podía mantener visitas de varias horas con Rosario, sin ataques de pánico. No vivían juntas. Los terapeutas coincidían en que eso no sería saludable para ninguna de las dos, pero hablaban por teléfono regularmente y se veían cada dos semanas. “No creo que vuelva a ser normal”, le dijo Nerea a la doctora Montero en una sesión en 2021.

No creo que pueda simplemente olvidar 15 años de mi vida, pero estoy empezando a entender que tal vez puedo construir algo nuevo. No recuperar lo que perdí, eso es imposible, pero crear algo diferente con lo que me queda. El caso de Nerea Campos nunca tuvo un final feliz en el sentido tradicional. No podía tenerlo.

15 años de vida robados no pueden devolverse. El trauma no puede borrarse, pero había supervivencia, resiliencia y gradualmente algo que podría algún día parecerse a la curación. En 2023, 5 años después de su rescate, Nerea dio su primera entrevista pública. Ahora con 31 años, aunque su rostro seguía mostrando los signos del trauma vivido, había algo diferente en sus ojos.

No exactamente felicidad, pero sí determinación. “Hago esto,” explicó sobre su decisión de hablar públicamente. “Porque quiero que otras víctimas sepan que es posible sobrevivir. No va a ser fácil. Y probablemente nunca serás la persona que hubiera sido sin el trauma, pero puedes ser alguien, puedes tener una vida.

Y si alguien está ahí fuera en una habitación como yo estuve, quiero que sepan que vale la pena aguantar. Vale la pena luchar por cada día, porque un día la puerta va a abrirse y va a haber personas al otro lado que te ayudarán. El piso de Albacete donde ocurrió todo, eventualmente fue vendido.

La habitación sin ventanas donde Nerea pasó 15 años de su vida fue renovada completamente por los nuevos dueños que no sabían la historia cuando compraron la propiedad. Pero en el barrio la gente seguía refiriéndose al edificio como donde pasó aquello, hablando en voz baja, como si las paredes mismas guardaran el eco de ese sufrimiento.

El caso también tuvo un impacto duradero en cómo España trata los casos de personas desaparecidas. Se creó un protocolo específico llamado protocolo Nerea, que requería que en todos los casos de menores desaparecidos se realizara una inspección visual de cada habitación de la residencia familiar, sin excepciones, incluso si esto incomodaba a los familiares.

Se implementaron también revisiones periódicas de casos antiguos sin resolver, buscando con nuevas tecnologías y metodologías lo que pudo haberse pasado por alto en investigaciones anteriores. La historia también generó un debate nacional sobre el abuso intrafamiliar y cómo la sociedad a menudo se niega a ver lo que está ocurriendo delante de sus ojos.

Programas educativos fueron implementados en colegios para enseñar a los niños sobre abuso, sobre cómo reconocerlo, sobre cómo pedir ayuda. Se reforzaron los canales de denuncia anónima y se aumentó la formación de profesores y trabajadores sociales para detectar señales de abuso. Para Rosario, la culpa nunca desapareció completamente. en sesiones de terapia que continuaría por el resto de su vida.

Procesaba una y otra vez las señales que había ignorado. La forma en que Nerea se había vuelto más callada en esos últimos meses antes de desaparecer. Como a veces parecía tener miedo cuando Sebastián entraba en una habitación, los justificantes escolares que quizás había firmado sin prestar atención o que quizás nunca firmó.

los ruidos nocturnos que atribuyó a tuberías o vecinos cuando en realidad era su hija, a metros de distancia viviendo una pesadilla. ¿Cómo pude no saber? Le preguntaba constantemente a su terapeuta. Vivíamos en el mismo piso. ¿Cómo es posible que no me diera cuenta durante 15 años? La respuesta era compleja. Sebastián había sido increíblemente meticuloso en su ocultación.

Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.